"Ven, noche gentil, noche tierna y sombría dame a mi Romeo y, cuando yo muera, córtalo en mil estrellas menudas: lucirá tan hermoso el firmamento que el mundo, enamorado de la noche, dejará de adorar al sol hiriente..."


jueves, 19 de noviembre de 2009

Memoria

Recuerdo tu risa. Recuerdo tus manías; la vez que te tomaste el cartón de vino y caminabas la calle como en zig-zag. Recuerdo el sonido de tu armónica cada cumpleaños, cada festividad; Pesaj, Iom Kipur, fechas especiales. Recuerdo cómo me molestaba que te comieras el postre que la abuela había hecho para mi. 
Cuando te pedía caramelos o algún chocolate respondías siempre con un "no puedo darte, es remedio".
Recuerdo tu acento, tucumano, el acento que nunca se fue. Las miles de historias que contabas (los conflictos familiares, la caminata con el ejército y tu nombre grabado en alguna especie de muro). 
Recuerdo con dulzura los abrazos, las canciones, y que siempre preguntabas si iba a ir el viernes a su casa para Shabbat. 
Hay tanto que me hubiese gustado vivir con vos;
Y aunque a veces no parece, te recuerdo siempre, y nunca te dejo de extrañar. 
A veces resulta difícil afrontar una pérdida y aprender a "dejarlo ir", seguir volando, seguir viviendo. Y a veces nos gustaría que esa persona esté presente con nosotros, nos hace falta su sóla presencia; pero en cambio tenemos una silla vacía donde solía sentarse el sr. Mauricio. A cambio tenemos un cumpleaños menos que festejar, un año más sin poder verlo. 
Y así se nos pasa la vida, casi siempre tratando de seguir adelante, superando obstáculos, guardando recuerdos. Por eso te recuerdo, SIEMPRE, por eso tu alegría, tu espíritu, tu amor, siguen intactos. Así como los de cada ser querido que partió, que se fue. Gracias a Dios que existe la memoria, y la memoria de la memoria; la que nos hace acordar de acordarnos.
Lo que daría por abrazarte otra vez, y a veces me arrepiento de no haberte dicho en cada oportunidad que te veía un "te quiero", pero se que lo sabés, donde quiera que estés, se que estás conmigo, que nunca te fuiste. 
Sólo me queda seguir adelante.


(dos años y 25 días después de que te fuiste, el amor que te tengo sigue intacto abuelo).

Let it be!

viernes, 30 de octubre de 2009

Si supieras (memorias de un amor eterno)

Capítulo 5

Dolía. El saber que o eras mío dolía.
Y aún más me hería el corazón pensar que no me dabas ni siquiera una oportunidad para hacerte feliz. Porque bien yo sé, bien vos sabés que seríamos felices juntos. 
Suelo mirarme al espejo y preguntarme ¿Qué tengo mal? ¿Qué no digo, que no hago?
Se me hace difícil entenderte.
Y aquella noche, por un instante pensé que todo iba a ser distinto.

Los días siguientes, en la facultad, estar al lado de él se me hacía un martirio. Las horas eran eternas; cada mirada me lastimaba, cada palabra era una puñalada a mi corazón. 

(¿Cómo cruzo esa línea que separa el amor de la amistad? Es como si hubieras cambiado esa línea por una muralla inmensa. Quisiera que me abrieras tu corazón, quiero enseñarte a amarme, quiero leer Te Amo de tus labios, quiero ser tuya y que seas mío...)

Me cuesta escribir. Me mata, me aniquila la idea de no tenerlo; pero voy a tener que conformarme con éste espacio de amiga que me toca.
Sea como sea, quiero tenerlo cerca.  
 
Aguantaré el beso que a cada minuto quiere ser dado, ahogaré los suspiros cuando me mires fijo a los ojos. Mataré cada impulso de hacerte el amor. Lloraré mil lágrimas en tu nombre, encerrada en mi cuarto, mirando tu foto.

 

jueves, 22 de octubre de 2009

Intentos.

No siempre que nos caemos logramos levantarnos enseguida.
A veces se debe al impacto de la caída...
Pero otras veces se debe a la falta de perseverancia.
A veces tendemos a rendirnos ante la primera señal de derrota. No le damos al destino una oportunidad para que nos muestre si intentarlo valía, efectivamente, la pena.
Tenemos miedo, somos vulnerables; y es que a veces es más fácil quedarse en el lugar y no insistir. 
Pero desistir; desistir el la última opción, y la primera en rechazarse. Si una vez, aunque sea, intentamos levantarnos enseguida, y volvemos a probar, muchas veces nos encontraremos con resultados satifactorios. Es posible que el miedo y la inseguridad nos venzan a veces; eso está permitido en la caída, pero no a la hora de levantarnos.
Un "No" hoy, puede perfectamente significar un "Si" en un futuro; y nunca sabremos cuán posible es ese futuro si ni siquiera probamos, intentamos otra vez. Muchas veces lo que perdemos es mucho menos, y lo que ganamos es mucho más. 
Recordemos que un "No" tiene un punto seguido... No un punto final.

Let it be!

domingo, 18 de octubre de 2009

Si supieras (memorias de un amor eterno)

"Si supieras, sólo si supieras, una milésima de lo que me pasa cuando me mirás... Si supieras que todo este tiempo lo que veías en mis ojos era amor, cariño, ternura, pasión; como más que una amiga. Pero si solamente puedo quererte desde este espacio que me toca, si solamente puedo admirarte en silencio y anhelar el sabor de tus labios, entonces así sera, y rogaré al cielo, al destino, a lo que sea, que algún día tus ojos se encuentren con los míos y ambos sintamos el mismo amor, el mismo cariño, la misma ternura, la misma pasión..."

Capítulo 4



No recuerdo bien lo que ocurrió al día siguiente. Mi memoria sólo me deja visualizar una borrosa escena en la que él se levantaba, agarraba sus cosas rápido y se marchaba.
Lo que más recuerdo es que no me llamó durante varios días.
Cuando por fin decidió hacerlo (yo había decidido no llamarlo, muy a mi pesar), yo me encontraba repasando para un final bastante difícil. 

-No se bien que pasó esa noche... Creo que me dejé llevar por el momento -dijo, e hizo a continuación una pausa, esperando a que yo respondiera. No lo hice. -Disculpá, se que no tendría que haber pasado, espero que ambos podamos dejar esa noche atrás y seguir con nuestra amistad como siempre... Es lo mejor.
-Esta bien, creo que tenés razón.

Enseguida corté el teléfono... No quería que la situación me distrajera. Obviamente, no pude evitar que así fuera.  

(Dejame robarte un instante, haré que sea eterno) 

viernes, 16 de octubre de 2009

Si supieras (memorias de un amor eterno)

Capítulo 3

Hubo un tiempo donde mi peor pesadilla se volvió realidad.
Ella.
Por primera vez en nuestra amistad, una extraña, una intrusa se interpuso; solamente apareció para desborotar la armonía de la relación que tenía con él. 
No eran solo mis celos enfermizos, y mi innegable envidia hacia ella.
Lo estaba perdiendo; otra mujer ocupaba el primer lugar en su lista de prioridades. Había pasado a un segundo plano.

-Ya no me llamás más. 
-Si te llamo, no me digas asi.
-¿Cuándo me llamás? Si estás todo el tiempo hablando con ella... Ya no tenés tiempo para nosotros, para tomarnos un café en el barcito de siempre; para contarme tus historias.
-No seas dramática. Sabés que siempre vas a ser mi mejor amiga, y sabés lo mucho que te necesito.

Patrañas. A los pocos meses ya casi no nos veíamos fuera de la facultad. Y su rostro ya no se iluminaba con el reflejo del sol cada mañana; nuestros días se habían tornado grises y nublados. Si nos veíamos (algo que era muy inusual), era casi por compromiso, para no perder la poca amistad que teníamos. Ésa chica lo había absorbido completamente; llegó, y a los pocos días logró lo que yo no pude hacer en años. Me lo quitó, me lo arrebató, se lo llevó y junto a él, nuestra amistad, que en mi mente prometía ser un amor eterno en algún futuro.

Pero como es usual en adolescentes llenos de miedos y con cruces de distintas emociones, su relación no duró mucho. Ella lo dejó; pero no le dio demasiadas explicaciones. Era evidente que el compromiso la asustó; y él, tan frágil, apenas pudo sobrellevar el dolor.
Volvió conmigo la misma noche del suceso. Y yo, tan ingenua (tan enamorada), no vacilé y lo recibí con los brazos abiertos. 


-No llores -dije, secando sus lágrimas con mi mano.
-A veces quisiera tener la habilidad de volver al pasado y advertirme a mi mismo: "no lo hagas, no te enamores, que terminás sufriendo".
-No siempre se sufre... Un tropezón no es una caída. 
-Pero estoy cansado de tropezar tanto... Y no me digas que no caí, porque en el momento en que le dije "te amo" caí definitivamente en la trampa del amor.


Era extraño verlo llorar. Se sentó y se respaldó contra la pared de mi habitación. Dos años habían pasado entonces desde que lo había visto por primera vez. 
Me acerqué y sin decir otra palabra, lo abracé. No era justo... Si, me había casi abandonado por un amor pasajero que a la vista de cualquiera con dos dedos de frente era obvio que no duraría mucho. Estuvimos varios segundos abrazados... Lo solté y me miró fijo a los ojos.


-¿Es posible que siempre hayas estado ahí para mi, y yo te haya hecho a un lado por una estúpida mujer incapaz de mantener una relación seria?
-Es posible... 
-Te quiero.

Recuerdo que el beso que me dio aquella noche duró pocos segundos y sin embargo, fue eterno. Yo deseaba que así fuera.
Al rato, ambos nos quedamos dormidos.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Si supieras (memorias de un amor eterno)

Capítulo 2

A mis dieciocho años, nunca en mi vida me había enamorado. Si, es una cualidad que, hasta el día en que lo conocí, odié con todas mis fuerzas. Siempre fui muy débil, y, en un intento de protegerme a mi misma, hice todo lo posible para prohibirle a mi corazón cualquier intento de enamorarse.
Era algo automático. Fue miedo, siempre miedo, a abrirme, a entregarme. Pero con él no lo pude evitar.

Pronto empezamos a conocernos de miles de maneras posibles. Primero y principal, durante las clases, en los minutos libres que teníamos entre cada una; no alcanzaba el tiempo para contarnos cuanta cosa se nos ocurriera (los temas de conversación nunca se agotaban. Cada día lo conocía un poco más). También estaba la computadora, el teléfono, los mensajes, las llamadas. A veces, casi siempre y hasta el día de hoy, me contaba sus historias amorosas.


-No la entiendo. Nunca voy a entenderla. Primero me quiere, después dice que necesita un tiempo. ¿Por qué hace las cosas tan difíciles?
-Quizá deberías olvidarte de ella y buscar una que te entienda y no te de vueltas.
-Claro, decime dónde la encuentro. Son todas histéricas.
-No todas...

Trataba de esconder el dolor que me causaba escucharlo hablar sobre sus miles de historias. Y cada vez que preguntaba por las mías, yo respondía con un simple "nada nuevo, todo igual". Él nunca me correspondería; simplemente era un amigo. 
Pasó el tiempo y pronto éramos inseparables.


Recuerdo aquella noche en tu casa de campo. Me invitaste a pasar el fin de semana. Ya nos conocíamos hace un par de años, asi que la confianza sobraba. En tu habitación solo éramos vos, yo y una película que estaban dando en la tele, que hacía de fondo. Ninguno le prestaba atención. No podía creer como todo era tan perfecto; aquella noche, las estrellas, haber estado todo el día con vos. Y que me quisieras tanto, haberme ganado tu confianza. 
Me quedé dormida en tu pecho. Tu respiración fue como un canto de cuna... Para vos éramos como hermanos; para mí eras, y sos, el amor de mi vida. Y en secreto guardo el sentimiento.


Si supieras (memorias de un amor eterno)

Capítulo 1


Nadie admira como yo las luces de tu mirada al hablar. Nadie piensa como yo en tantas maneras para hacerte sonreír.

Como siempre llegaste a la hora que habíamos acordado. Como siempre fuimos a aquél bar que, parecía, ya tenía nuestros nombres grabados en todas las mesas (cada día elegíamos una distinta).
Nos sentamos, pedimos el mismo café pequeño de siempre.
Hablamos sobre nuestros temas. Cada tanto, me perdía en mis pensamientos (ellos siempre me hablaban de ti). Lo único que anhelaba era estar entre tus brazos; que me miraras y que, por primera vez después de tantos años, me dijeras “Te amo”.

Dos palabras alcanzarían para dar vuelta mi mundo; tornarlo en el mundo en el cual cualquier mujer querría vivir; y plagar mis días de felicidad, tú serías mi felicidad. Serías mío, mi chico, mi amor.
Me contabas sobre tus amores. Lo más gracioso era que siempre tenías alguna historia nueva que contar. (me impacientaba el hecho de que yo nunca haya formado parte de ésas historias. Siempre era la amiga fiel que escuchaba tus relatos y te comprendía)

Cuatro años. Los mejores de mi vida, pensaba. Recuerdo cuando te conocí; sentada en aquél banco, en esa aula donde casi no se podía respirar, esperando a el o la profesor/a (porque era la primera clase, nadie sabía con qué nos íbamos a encontrar). Te vi serio concentrado en tus apuntes. Al mismo instante me devolviste la mirada, te sentí más cerca. Nos pusimos a hablar de todo, y desde ese día no dejamos ni un minuto de descubrir algo nuevo sobre el otro (y es que es fascinante la manera en la que dos personas nunca dejan de conocerse, y aún más fascinante es esa entrega, esa forma de abrirse ante el otro).


-¿Cómo te llamás?- pregunté tímidamente, tu mirada me intimidaba, y ¡Ni siquiera sabía tu nombre!


Creo que nunca voy a olvidar ese momento. Los nervios de cada clase, miradas rápidas al espejo del baño de mujeres, perfume; carisma. Toda la panza se me hacía un revoltijo. 
Pasadas las semanas, y en vista de que las conversaciones no se desviaban de un tono amistoso, decidí, por el momento, esperar a que el destino te arrojara a mis brazos. Mientras tanto, pretendí conocerte desde mi lugar de amiga; solamente amiga. 


-Así que vamos a estudiar la misma carrera -dijo, con ese tono divertido que sólo el tiene a horas tempranas en la mañana, como si nada le irritase- creo que me tendrás que soportar los próximos cuatro años. ¡Espero que puedas conmigo!

Me parecía increible su naturalidad y su manera de expresarse. Sólo hablaba conmigo. Y se sentaba al lado de la ventana; los rayos de luz iluminaban su cabello, perfecto y castaño, el reflejo lo hacía ver más maravilloso aún. A veces se me hacía realmente difícil prestar atención a la clase; me distraían sus sonrisas juguetonas, y a veces, esos dibujos que plasmaba en mi cuaderno.


-Es para vos; no soy buen dibujante, pero supuestamente ésta serías vos y éste sería yo, sentados en la arena, vos cantando y yo produciendo con mi guitarra los clásicos que amamos. 
-Gracias, pero sabés que no se cantar. Quizá prefieras que tararee un poco. Por el bien de tus oídos.
-No necesitás cantar bien, cantá con ganas y voy a escucharte tan complacido como cuando escucho a Maria Carey.


Esa manera que tenía de hacerme sentir bien siempre; y sacarme una sonrisa...